jueves, 10 de septiembre de 2009

Prostitución reconsagrada

Fotografías de Juan Colom, Barrio Chino, 1960

Cada día aparecen nuevas noticias. Hace tres días, el alcalde Hereu se mostraba contrario a crear 'barrios rojos' en Barcelona. Recalcó que en su barrio, él no lo permitiría. En cambio ayer dicen que dijo que tendrían que ser tolerantes con los 'meublés' del Raval.

Cuando yo ¡ay! era joven, el Raval se llamaba 'barrio chino' y estaba lleno de meublés y de bares con sus respetables putas. Nada de prostitutas, putas. En la calle Robador, la auténtica central lechera del 'chino', locales como 'El Clavel' o 'La Virgen del Rosario' alternaban con las tiendecitas de 'gomas y lavajes' donde se dispensaban condones y se irrigaban las uretras escocidas de los clientes gonorreicos. Los lavajes preventivos se efectuaban tras el traqueteo. Los presuntos sifilíticos eran sometidos al envenenamiento mercurial con 'Salvarsán' . Los más escacharrados, a los médicos especialistas en 'Piel y venéreas' que también solían tener consultorios en las respetables inmediaciones.

Las chicas se arrendaban en los bares, el arreglo era inmediato: "¿Cuánto?" "Tanto" "Vale" "Vamos". Se salía y, en las escaleras colindantes, se subía hasta el piso con habitaciones que se rentaban por minutos. Sábanas dudosas, y un bidé donde las señoras lavaban la picha de los puteros con jabón de coco, de pastilla, al tiempo que la escurrían un poco para detectar la posible presencia de la gota de pus que delataba la infección por el gonococo; 'purgaciones' se le llamaba a la invalidante afección. Si salía la gota, a la calle con requiebros. Si no, al desaliñado jergón.

Las chicas ni se desvestían, se limitaban a arremangarse. No fingían aspavientos, antes bien daban prisa. Cuando el panoli descargaba, aire. Y a otra cosa.

Los meublés del 'chino' fueron envejeciendo y degradándose. Unos cerraron. Otros fueron eliminados en aras de la sanidad. Hace unos meses cerraron los pocos que todavía quedaban abiertos en la calle Robador, y en los que solamente oficiaban algunas venerables ancianas que combinaban el puteo más arrastrado con la pobreza de pedir. Sus clientes, mendigos de la misma ralea que sus Julietas.

La verdad es que pocas personas en su sano juicio se aventuran en el Raval, más que los que se ven obligados: inmigrantes que lo habitan en su gran mayoría, y que evitan los senderos tomados por los narcotraficantes, los matones a sueldo y los niños moros de la calle (los más peligrosos de todos ellos). También deben arriesgarse los habitantes ancianos de los ruinosos edificios, y que no tienen más remedio que sobrevivir bajo mínimos, esperando que nadie les ataque para robarles o que, si les atacan, no les dejen malheridos, al menos que les maten. Los habitantes de los nuevos pisos rehabilitados los van abandonando. Los clientes de los hoteles, cambian las reservas a paso veloz.

Ahora parece que el alcalde acepta mostrarse comprensivo con la apertura de pensiones tolerantes en el Raval, creo que él no vive allí. No creo que degraden el barrio, quizá le ennoblezcan.

Será imprescindible establecer somatenes o 'rondas' de voluntarios para acompañar a los puteros y sus proveedoras de servicios desde las Ramblas hasta los sórdidos habitáculos. Armados hasta los dientes, por supuesto. No creo que la Urbana o los 'Mossos' vayan a oficiar de carabinas o de niñeras, aparte de que a muchos clientes no se les empinaría el alijo si tuvieran que gestionar con los monillos (la pasma, dicen por ahí) para que les llevaran de la mano hasta el catre.

Veremos como acaba esta historia. La hipocresía sigue siendo el hielo que evita la putrefacción social. A lo mejor Hereu corta las cintas para inaugurar el reinstaurado barrio Chino.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Exhibiciones



El Alcalde de Barcelona ha añadido su voz a las muchas que claman delante del Ayuntamiento exigiendo que alguien haga algo. Experto en tocar el violín asegura que él solo pasaba por allí, y que ya hace tiempo que está preocupado por tanta puta callejera. Dice que, mientras los legisladores no hagan una ley que le permita exterminarlas, no puede hacer nada.

Me extrañan estas cosas. En Sitges hay una ordenanza municipal que pena ir por la calle con el torso a la fresca. Hay unos urbanos dedicados a advertir a los acalorados, y a multarles si se niegan a taparse.

En Barcelona, en cambio, se sigue la estricta letra del código penal. Según éste, la exhibición impúdica, aún de las pudendas partes, no es motivo de pena a menos que se acompañe de 'escándalo público' lo que exige la presencia de niños o disminuídos psíquicos y el ánimo de escandalizar.

O sea que, si no hay niños ni retrasados, puede usted enseñar sus pertrechos o pasear en pelotas por la ciudad condal. Circulan por Barcelona tres o cuatro fanfarrones adictos al paseo a pelo, por las calles del centro. Ignoro si se trata de un hobby, una provocación o una promesa a la Virgen. Uno de ellos, el más conspicuo en enseñanza, exhibe un pedazo de mostrenco pródigo en largueza y envergadura que pendulea al ritmo de su marcha, la cual oscila del paso al trote cochinero. A veces se cruza con niños, pero no sé de ninguna controversia, acaso porque no se queda quieto en ningún sitio ni se soba el solomillo en aras de engrandecerlo o solazarlo.

Otro naturista se pasea en bicicleta por la Diagonal. A veces es denostado por personas pacatas que salen de alguna misa (hay más de un convento en la Diagonal), y ha llegado a intervenir la Urbana para protegerle de algún paraguazo impartido por beatas airadas. Sospecho que en el pecado va la penitencia, pues no debe de ser bueno esto de andar pedaleando con los cataplines fregando el sillín de la bicicleta.

La crisis ha traído otros vicios públicos. Los indigentes barceloneses, algunos de ellos, se almacenaban en pisos-patera donde cincuenta o más atorrantes podían acoplar sus huesos en habitaciones con ocho metros cuadrados de ruina pura. Ahora no pueden pagar la exigua renta, aparte de que ha aumentado el número de ellos. Esa coyuntura atasca los albergues municipales, donde ya no duchan a los aspirantes, se limitan a lavarles los pies (hay que ahorrar). Los sin techo han pasado a dormir en los parques públicos, aunque no de noche. La oscuridad es peligrosa y, en ese submundo, se mata por unos zapatos o por una botella de vino.

O sea que duermen de día, y deponen sus defecaciones y orines en la zona de juegos para niños (no sin competir con los perros cuyos dueños les pasean, de preferencia, en las zonas donde se prohibe la entrada canina). Muestran sus penurias y guarradas en las escasas zonas verdes.

Los niños ya no van a los parques, salvo los de familias en riesgo de exclusión social, las cuales ni perciben el hedor de estas miserias. Anteayer me informó una de mis colaboradoras del estupor de uno de sus conocidos, vecino de la Catedral del Mar, que se topó a las 8 de la mañana con dos mendigos borrachos, uno masturbándose y el otro ayudándole con la boca, entrambos en pleno paseo del Borne, cabe a la Basílica. El Borne es otra zona de la ciudad antigua que, junto con el Raval, ha gozado de la atracción presuntuosa que, desde las jodidas olimpiadas del 92, le clavaron las municipalidades empeñadas en fingir que la ciudad sería capital mundial del diseño pijoprogre, insustancial y antipragmático.

Barcelona, capital de la modernidad, de la inoperancia administrativa y récord Guiness de meadas por centímetro cúbico. Ahora, meca del exhibicionismo mugriento. El Alcalde, récord Guiness del desahogo, chilla contra no se sabe quién.

Siguen las exhibiciones y alardes policiales en las Ramblas, todavía.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Barcelona querida

Actividad (trasera) en la fachada (delantera) de la Boquería

Vuelvo a estar en Barcelona, y la realidad del momento satisface todas mis expectativas. Esta es mi Barcelona, la ciudad de los prodigios cuyo devenir supera cualquier ilusión.

Por ejemplo: las putitas negras de las Ramblas trapichean sexo en plena calle. De hecho lo venían haciendo desde su implantación barcelonesa hace más de nueve años. Son nenas de edad indefinida (entre 12 y 30 años, quizá) que, a partir de la hora nona, ejercen un marketing agresivo en los albores del mercado de La Boquería, templo gastronómico de moda trufado de exquisitos de salón y turistas despistados.

Antes, las azabaches núbiles, se las arreglaban en las callejas del aledaño "barrio chino", hoy día llamado "Raval" (arrabal) en aras de la modernidad y el diseño. Un portal oscuro, de pie, y aquí te pillo aquí te mamo, higiene nula, entre preservativos llenos de semen, semen a pelo, escupitajos, jeringuillas y meadas. Suficiente.

Pero el Ayuntamiento barcelonés se empeñó en convertir el Raval en una zona urbana de diseño. Algunos se debieron de hacer las barbas de oro en connivencia con urbanistas venales, legisladores corruptos y constructores mafiosos. Avenidas iluminadas y hoteles de cinco estrellas se yergen allí donde la piqueta pudo demoler en paz. Donde no, la misma miseria, mugre y suciedad de siempre.

Al principio, los maleantes (chusma que abunda en el Raval) disimulaban en las callejas. Poco a poco, tras ver que las fuerzas vivas (una vez llenado el papo) se despreocupaban de todo, fueron invadiendo las zonas bonitas y bien iluminadas, donde los hoteles de lujo y los pisos reconvertidos en lofts para uso y disfrute de esnobs, pijos, pedantes y arquitectos de moda (medio pelo, por supuesto).

Los malos vieron que allí se acumulaban posibles nuevos clientes, especialmente turistas engatusados por la publicidad acerca del encanto de la deplorable y sobrevalorada ciudad. Poco a poco salieron de las callejas y comprobaron que la iluminación de las avenidas era beneficiosa para sus transacciones. Ayudados por las retahilas de niños callejeros magrebies que, navaja en ristre, ofician en las ramblas y se ocultan en el Raval, limpiaron a su aire las zonas más nobles del reformado extramuros apartando a los jubilados que tomaban el sol, niños en sus juegos y posibles usuarios de tiendas y bares. A la policía no tuvieron que echarla, porque nunca había estado allí, ni por Dios.

Las mejores y más iluminadas calles, permanecen ahora casi vacías. Solamente frecuentadas por compradores y vendedores de droga, ladrones y sus peristas, y moritos ciegos de pegamento dispuestos a matar por cinco euros. Paseantes despistadísimos y clientes (aterrorizados) de los hoteles arrabaleros son los potenciales proveedores del dinero de bolsillo.

Las negritas han debido aprender a manejarse en las Ramblas. Antes se aventuraban en las callejas del Raval, donde un portal oscuro resultaba adecuado para cualquier desatasco que pudiera ejercerse de pie y en tiempo ajustado a eyaculadores precoces.

Pero, tras las reformas, las arrabaleras callejas requieren acceso atravesando las avenidas iluminadas que las amurallan, más peligrosas que un campo de minas afgano. Los pocos que allí ponen el pie sabiendo a dónde van, son los compradores de drogas,y los moritos ciegos de pegamento, que hallan en esta zona un merecido reposo del guerrero tras haber asaltado, acuchillado, tironeado o apalizado, en las Ramblas, para conseguir los cinco euros que requiere el abasto de más tubos de pegamento.

Los nuevos vecinos pijos, que fueron atraídos allí por el pretendido diseño, malviven totalmente acojonados y encerrados en sus reformados lofts, los cuales deben alicatar con sofisticados sistemas de protección y alarma si no quieren verse desvalijados, así como contratar guardaespaldas para acercarse a sus portales.

Lo tienen merecido por creerse lo que dice el Ilustre Ayuntamiento de Barcelona. Suele tratarse de pedantes que creen que el Raval podría equipararse al Soho de NY. Ni por el forro. Con el desplome de la economía y la desvaloración del barrio, se sienten atados sin expectativa alguna de librarse de sus apestosas viviendas. Hasta el Bronx es más calmo.

Las putillas rumanas, albanesas, y de otros andurriales parecidos, ofician protegidas por sus propias mafias de chulos, ágiles en desenfundar armas automáticas. Ellas lo tienen mejor al discurrir por el barrio. Pero las negritas, que Dios sabe cómo las contratan, trasladan y explotan, actúan en total desprotección hasta que, a la hora del cierre, sus chulos las abordan para vapulearlas y quitarles el dinero.

Pululan por las Ramblas, especialmente a la salida de los restaurantes donde los turistas son atiborrados con basura (NO ‘comida-basura’, simplemente basura), vinos de mala calidad y abundante cerveza cobrada a tasa de champagne francés. Cuando, descalabrados y desplumados, acceden a la acera, las subsaharianitas (voy a ser, por una vez, políticamente correcto) les tientan la bragueta y les ofrecen servicios a 10 o 15 euros.

No suelen aceptar los guiris; quizá alguno muy trompa. Pero allí acuden una serie de los más matados entre los salidos que abundan en cualquier lumpen. El precio es justo, y los quillos son despenados (sin el riesgo que supone atravesar la delgada línea roja) en plena acera de las Ramblas. La entrada de la Boquería es la suite presidencial. Allí se ofician pajas, mamazos y metisacas sin tener que desnudarse, más que lo justito, ni lavarse que es una murga.

Periodistas malintencionados fotografían, de vez en cuando, tales arrebatos y los publican en primera página. Las buenas gentes que, si no les ponen las cosas en primera página, hacen como que no se enteran, pusieron el grito en el cielo. Mejor harían en callarse, que bastante les costó apear la prostitución infantil callejera de la zona noble de Pedralbes hace unos 15 años. Si corren a las negras rambleras de su lugar natural, corren el riesgo de repoblar la zona alta con especímenes de fauna exótica.

El Ayuntamiento dice que ellos ya hacen lo que pueden, y que lo de las putas negras, extranjeras e ilegales, debería ser abordado por el gobierno de España. ¡Es grande! Estos inútiles son independentistas cuando quieren hacer bonito, y sucursalistas sumisos si se trata de aventar pulgas.

Estos días, la Guardia Urbana irá por las Ramblas, exhibiendo porras. Alguna negrita miope se ofrecerá para manosearlas o deglutirlas confundiendo a los Urbanos con sudaneses. El resto se harán andana mientras duren las rondas de noche (unos pocos días, acaso tres o cuatro). Después, todo seguirá igual.

Hasta las próximas fotografías.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Ya de vuelta



Bin Laden jugando a los bolos ingushos.



Este año, poca broma. Ni siquiera he podido mandar mis crónicas vía web desde Ingusia. Todo estaba bloqueado. Incluso los servidores vía satélite de Viggo fueron saboteados.

Debimos permanecer en la finca, en su valle recóndito. Habíamos llegado vía helicóptero. La carretera (por llamar de alguna manera al camino de águilas que lleva a la parte más alta del valle, cercada por despeñaderos de más de 1000 metros) fue cortada por orden de Viggo, mediante un sutil mecanismo que hace desaparecer unos 20 metros de vía simulando un derrumbe. Una joya de mecanismo con apariencia de total realismo, fabricada por animatrónic.


Mientras tanto, en todo el país se sucedían los ataques y contraataques manejados por varios grupos difíciles de calificar. Por un parte, los rusos y sus títeres, entre ellos el presidente de Ingushetia (medio asesinado en junio). Por otra parte, los separatistas, tipo checheno, aunque infinitamente más bestias. Luego, las mafias (sin patria ni religión) asociadas con todas las mafias rusas (gobierno ruso incluido), georgianas, chechenas, y con corresponsales en cualquier lugar del mundo donde haya mafias. Por último, Al Qeda, que no pierde oportunidad de liarla.

Este agosto, al menos 19 personas murieron y otras 79 resultaron heridas por la explosión de una bomba cerca de la comisaría central de Policía de Nazran, la principal ciudad de la república.  En las regiones rusas del Cáucaso Norte donde la mayoría de la población es musulmana se ha registrado últimamente un incremento de los incidentes violentos. En Ingushetia y Daguestán, que comparten frontera con Chechenia, se han perpetrado ataques contra policías, soldados y miembros de las autoridades casi a diario. 


¿Donde creéis que ha habido más muertos? En Ingushetia, claro.

El miércoles pasado mataron a tiros al ministro de Construcción de Ingushetia, y a finales de junio un juez del Tribunal Supremo fue asesinado. Además, el mes pasado falleció tiroteado el jefe de los equipos forenses ingushetios. Para el presidente ruso, Dimitri Medvedev, estos crímenes constituyen "un intento de desestabilizar la situación en la región". Un lince, el tío.

En casa de Viggo, más bien paz. Viggo no se casa con nadie. Es amigo personal de Putin, pero da la sensación de que le debe más Putin a él que lo contrario.

Aislados y bloqueados en nuestro amplio y valle, organizamos cacerías de soldados rusos (a quienes los ingusos llaman "lémures") y que son acorralados por jaurías de perros, tiradores expertos y águilas mongolas (o kazajas) que los persiguen y los pillan. Las águilas les dan clases gratuitas de vuelo sin motor antes de soltarlos en las aguas bravas o en las rocas duras. Los escasos supervivientes son piadosamente sacrificados (para que no sufran) aunque muchos ingushos les torturan un poco antes de degollarlos. Es su carácter.


Yo no participo en el degüello, aunque no dejo de seguir admirado las evoluciones de las águilas y el empeño que los lémures ponen en intentar la huida. Si pillo alguno, gracias a mis perros, les suelto rápidamente no sin darles una soga para que se ahorquen, cosa que hacen muy pocos. La mayoría son bastante estúpidos.

Uno de los invitados de la casa, permanecía la mayor parte del tiempo en su habitación, con un solo acompañante. No vino con nosotros a las partidas de caza, ni a la interesante observación de osos.

Los osos, por cierto, comen grandes trozos de lémur que -sobrantes del festín de los perros- se les coloca a modo de señuelo para que se acerquen. Los ingushos disfrutan fastidiando a los osos, acercándose a ellos mientras comen y simulando que les quitan la comida. Si el oso se molesta y hace por atacar, el "jugador" le suelta dos bofetadas, le insulta (Oso malo) y, si se siente con ánimos, le agarra de una oreja y lo lleva donde los demás estamos mirando.

La suerte principal es dejárnoslo en medio y salir corriendo para otro lado. Hasta mis perros huyeron despavoridos cuando el oso, garras en ristre, nos corrió a zarpazos y gruñidos. Por suerte Viggo, sin perder la flema, la emprendió a sopapos y gritos de oso malo y, en un momento de distracción, lo empujó por un barranco hacia el río. Mis perros le lamieron (a Viggo, no al oso) con fervor patrio. Luego, disimuladamente, Viggo ordenó destripar y desmembrar al bromista que nos había endosado el oso. Un cuñado suyo, por cierto. Ex-cuñado, vaya.

Por la noche, el invitado misterioso se dejó ver unos momentos, y caí en la cuenta de que era Bin Laden. Viggo me lo presentó. Nada de tonterías, dijo, aquí solo negocios. El Laden es muy educado y gentil con las señoras. Mi esposa le confundió con un pope copto, y le beso la mano mientras se santiguaba. El hombre, perplejo, mostró su elegancia echándole una bendición y controlando educadamente sus deseos de apuñalarla.

A fin de mes, excursión de vuelta por el camino infernal. Los vigías dieron paso, y la sima se recompuso el tiempo suficiente para pasar los coches. Intercambio de tarjetas con Bin Laden (que me prometió venir a Barcelona para las fiestas de la Merced) y emocionante despedida de mis perros con las águilas mongolas, que ya se sabe que tienen una relación muy exótica y ardiente. Si nace algo, creo que me moriré del susto.

Pasos de montaña hacia Chechenia que, por contraste, parece una tierra de pastores acogedores. Unos bandidos chechenos, bien pagados por Viggo, nos acompañaron hasta Ankara, via Georgia. Sé que, después de dejarnos en el aeropuerto volvieron a sus tierras tras robar los aparatosos "Hummer" de Viggo. Sé también que no llegaron muy lejos, pues los coches, tozudos en su programación, volaron por los aires con los chechenos hechos una especie de niebla de color rojo mezclada con polvo, sudor y hierro. No se perdió mucho, pues el dinero que Viggo les había dado era, naturalmente, falso.

Os contaré lo que me he encontrado en Barcelona a mi vuelta. Será mañana.


domingo, 9 de agosto de 2009

Ingushetia, mon amour



Ya estoy de vacaciones. En Ingusetia, por supuesto. Soy de los pocos occidentales que consideran Ingusetia como su segunda Patria. No es que me sienta nacionalista Ingusho. Pienso que estas gentes, en su generalidad, son salvajes, sanguinarios, vengativos y fanáticos. Pero, siempre el pero, soy muy amigo de mis amigos y uno de ellos, casualmente, es un ingusho. Viggo.

Le conocí por casualidad en unas vacaciones. Habiendo ido a Turkia con un grupo de amigos, alquilamos un todo terreno y nos fuimos a pasear por Georgia. Distraidamente nos perdimos por un camino de montaña que llevaba a Ingusia. Nos cercaron unos aduaneros (o bandidos) georgianos (u osetios) y fuimos encerrados en una caseta fronteriza, mientras nuestros captores discutían acerca de si matar a los hombres y violar a las mujeres, violarnos a todos y después matarnos, o matarnos primero para violarnos más adelante.

Viggo, que volvía con sus ayudantes de campo (o sicarios) tras un día de caza, no desperdició la oportunidad de liquidar unos cuantos osetios (o georgianos o rusos), lo que resultó fácil con sus hammer armados con ametralladoras y lanzagranadas antitanque. Nos liberó, y tras comprobar que una de las chicas de nuestro grupo (Viki) lucía excelentes tetas (que achuchó contra él al darle unos besos de agradecimiento) nos invitó a su casa de las montañas caucásicas.

Desde entonces cada año vuelvo. Normalmente vuelo a Ankara, y allí me recoge Robert, el ayudante armenio de Viggo. Es un hombre de confianza. Antiguo capitán del ejército rojo, en la división de inteligencia y antiterrorismo, es un tipo encantador. Metro sesenta y ocho, aspecto algo esmirriado, nervudo. Capaz de matar a quien sea empleando unas gafas como arma. Siempre sonriente.

Con él, y sus hammer, nos trasladamos hacia Georgia, que atravesamos rápidamente. Cerca de la frontera con Ingusia pasamos a unos helicópteros que nos llevarán directamente a la villa de Viggo, en un lugar de las montañas caucásicas.

Viggo nos abraza. Nos besa. Nos recuerda que somos de la familia y que nuestros perros están también en su casa. Su mujer, Petra, hace que nos sirvan te aromatizado con cítricos. Esta noche cenaremos y conoceremos a los demás invitados. Viggo me comenta que este año es complejo. Hace dos meses que un atentado contra el presidente del país ha creado gran malestar.

Para él, la política es irrelevante. Es amigo de los más altos jefes rusos, pero siempre proclama su interés en la independencia ingusa. No por nacionalismo, sino por sentido práctico de la vida.

Hablaremos de ello.

miércoles, 29 de julio de 2009

Turista farragosa


Sospechosa diabética

Noticia de "20 minutos": Una española enferma en Estambul, y los funcionarios del consulado español se desentienden. Los funcionarios rechazaron adelantar el dinero de los gastos hospitalarios o de la repatriación a pesar de que su estado de salud era muy delicado -según los facultativos- y la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores informa de que "en caso de enfermedad repentina [...] el consulado prestará asistencia" y, "en casos excepcionales [...] se adelantará ayuda económica de carácter reintegrable".

La española tuvo un ataque de diabetes aguda encontrándose en Estambul. Los médicos de allí le recomendaron ponerse en contacto con el consulado español. Así lo hizo ella, pero se encontró con que los funcionarios del consulado no habían leído la web donde informa de sus servicios.

Dependiendo del ministerio de exteriores, los consulados vienen a ser "servidores públicos" que administran los servicios que prestan a sus administrados. En Turkia, la embajada (Ankara) está cubierta por el Sr. Clos (a quienes los barceloneses recordamos bailando salsa sobre un camión acompañando a Charlie Brown). En Estambul hay un consulado donde consideran que los españoles que van de turista son unos pesados, que además de pegarse el lujazo de ir a Turkía, se empèñan en ponerse enfermos y pedir ayuda a los funcionarios consulares.

Tales engendros debieron de mirar a la enferma como lo que era. No una española en apuros. Sino una pesada que iba a estorbarles en su "dolce far lo mínimo" consular. Total, cobran lo mismo a final de mes.

Decidieron hacer lo que mejor saben: Nada.

La española, a joderse, que, entre razones de menor cuantía, era catalana. Si la gente va de vacaciones, que se atengan a las consecuencias. Créanme: no llamen a los consulados a menos que precisen asistencia para el suicidio.


sábado, 25 de julio de 2009

Sin novedad en Urgencias

Personal (¿de Urgencias?) feliz


Noticia publicada en "El País" hoy: "No sé si una mejor atención hubiese evitado su muerte, pero la habría hecho más digna". Rosana Cuenca lleva a cuestas esa incertidumbre desde que su madre falleció, el pasado día 8 de julio, en el servicio de urgencias del hospital Clínico de Barcelona. La duda y la dignidad herida la han llevado a denunciar lo que ella considera que es desatención: su progenitora, asegura, tuvo que esperar más de 10 horas agonizante en los pasillos de urgencias antes de ser atendida.

Suerte que nuestra sanidad es excelente y que en este caso, como en todos, se cumplió estrictamente el protocolo. Suerte que, si se abre un expediente informativo, nunca se sabrá cómo se cierra. Suerte que los médicos, enfermeros, celadores, radioestesistas, etc. del país se solidarizarán con los que dejaron morir en la indignidad a la madre de Rosana. Suerte que la realidad no existe y que las 10 horas de agonía no son sino un incidente aislado. Suerte que existen amplios estudios sobre la forma en que se van a organizar los servicios de urgencias. Suerte que, desde hace años, se estudia la forma de llevar a cabo certeramente tal reestructuración.

La realidad es solamente para los tontos y los desgraciados. No teman (Dios no lo permitiera) que los parientes de los jerarcas políticos y sanitarios fueran a morir en un pasillo de Urgencias. Esto queda para la clase de tropa.

Rosana Cuenca, cállese. La clase tropa no quiere enterarse de la suerte que tiene. Olvídese de la realidad y vitoree a nuestros gobernantes.


lunes, 20 de julio de 2009

El señor de las llanuras


No es mi costumbre hacer crítica literaria. Los libros me gustan, o no. Si me gustan los devoro. Si no, pocas veces paso más allá de las veinte páginas.

El Señor de las llanuras, novela primera de Javier Yanes, es de los que me han gustado más allá de lo que me suelen gustar los libros que me gustan. Perdón por las repeticiones, pero es que todavía estoy asombrado por el placer que me ha dado su lectura.

Mis referentes son los grandes maestros del nonsense y del absurdo. Carroll, la cima. Pitigrilli y Jardiel los sublimes olvidados. Mark Twain, el infiltrado. Javier Yanes, si esta es la primera, ¿qué vendrá luego? Felicidades, y gracias.

sábado, 4 de julio de 2009

Ecclestone y la tentación del mal


Lean en 20 minutos las declaraciones del personaje. No quiero evaluarlas en ningún sentido. Ecclestone podrá decir que se han sacado de contexto o que no se le ha entendido bien.
Creo no ser zote y considero que soy capaz de entender las frases del patrón automovilístico.Me permito varias preguntas: Si dice que Hitler fue un mal dictador, ¿será porque hay buenos dictadores?. Si Hitler no sabía lo que hacían sus mandados, ¿no será que más que un mal dictador era un fantoche utilizado por otros?. Al decir que Hitler no se portó como un dictador, ¿efectúa un reproche por no portarse como un dictador? ¿lo exculpa de todo por no heberse portado como tal?
Al proponer a Mosley, presidente de la FIA, para ministro británico, ¿se acordará del escándalo de los videos de marzo 2008 en los que Mosley participaba en una orgía sexual sadomasoquista con uniforme nazi?
El siglo XX vio el fin de los totalitarismos en Europa. Nazismo y comunismo no parecían tener predicamento entre las gentes razonables de este mundo. ¿Será que Ecclestone no es razonable, sino tirano?
"Con hombres razonables, razonaré; con humanos alegaré; pero con los tiranos no daré coartada, y no gastaré argumentos en donde ciertamente se perderían." Esta bella frase de William Lloyd Garrison será mi lema. No gastaré argumentos en tiranos.

domingo, 14 de junio de 2009

La iglesia de Teiá


Noticia de La Vanguardia de hoy: Ha podido comulgar, en Badalona, la niña de Teià a quien el párroco de su pueblo no quiso dar la primera comunión. La niña padece síndrome de Down.

El párroco negativo, un tal Moles, adujo que la niña era algo así como un ángel y que no necesitaba comulgar. Además le dijo a la madre que lo más probable es que la niña no entendiera de qué iba la cosa y se pusiese a gritar en la iglesia.

Si Jesucristo, en lugar de predicar en Palestina lo hubiera hecho en Teià, hubiera tenido que decir: “Dejad que los niños vengan a mí, excepto si tienen el síndrome de Down. Son como ángeles pero chillan. Un fastidio, vaya”.

Suerte que el Moles está en Teiá y no en Lourdes. Allí no dejaría llevar ningún subnormal al baño ritual, no fuera que gritaren aquello de “virgencita que me quede como estoy” y causaren confusión o deslucieren el boato.

El arzobispo de Barcelona se negó a desautorizar a su párroco. Jodida la hemos. Yo creía que la iglesia la formábamos todos los fieles y que el orden sagrado no confería patente de corso para decidir si una criatura humana comulga o no.

Por esta regla de tres, ni era preciso bautizarla ni lo será enterrarla en sagrado.

Y luego se permiten criticar a quienes abortan tras una amniocentesis.

jueves, 11 de junio de 2009

Violencia de género... o no.


















Noticia que se recoge en “20 minutos”: “El Juzgado de lo Penal número 2 de Santander ha condenado a siete meses de cárcel como autora de un delito de violencia de género a una mujer por insultar y agredir a su esposa, de la que se encontraba en proceso de separación. El Juzgado considera que esos hechos constituyen un delito de violencia de género del artículo 153.1 del Código Penal, en la modalidad de maltrato físico.”


Me temo que los titulares del juzgado penal nº 7 de Santander no han aplicado el artículo adecuado. Ese artículo fue modificado en 2004 por Ley Orgánica contra la Violencia de Género, que agravó las condenas correspondientes a determinados tipos de agresiones cuando quien las cometía era un varón y quien las sufría era una mujer unida a él por matrimonio, noviazgo o cualquier tipo de relación sentimental análoga. El tribunal constitucional avaló esta reforma en mayo de 2008.

Género” es una palabra muy polisémica. En el diccionario de la Real Academia, se contemplan varias definiciones: Sospecho que cuando se alude a la “violencia de género” se alude a la primera acepción, junto a detalles derivados de las constrccioes de “género” con “masculino” y “femenino”.

La definición del código penal deja claro que “violencia de género” alude a a las agresiones que un varón perpetra contra una mujer unida a él.

Considerar que la lesbiana agresora era “un varón” me parece despectivo, a más de ser aberrante y demostrar ignorancia acerca de cómo se valora el género de las personas: de acuerdo con sus cromosomas, que suelen ser inequívocos.


Otra cosa es valorar la identidad sexual, la orientación o la apariencia. Que aquí sí que hay para dar y vender. Pero género, lo que se dice género, solo hay dos variedades.




Violencia sí. “de género”, nada.

domingo, 7 de junio de 2009

¿Carradine pajillero?


















A veces los mitos se derrumban. No diré que Carradine fuera un ídolo de mi adolescencia, pues mi edad no permitiría tales talismanes. Acaso sería un paradigma interesante de mi juventud. Entre 1972 y 1975 daba cierto gozo ver al "pequeño saltamontes" propinar somantas a malos con pistola y malas intenciones. Él no dejaba de ser un monje pacifista que (faltaría más) solamente pegaba a los que se lo pedían con obstinación.
Más que derrumbarse, Carradine quedó colgado. La palmó en una posición equívoca para un hombre de su edad y posición. Dicen las malas lenguas que le encontraron al lado del baño de su habitación con una cuerda (de esas que abren y cierran cortinas) atada a su cuello, y otra atada a su pene. Probablemente en la base (del pene, no del cuello) , con la intención de dificultar el retorno sanguíneo caso de conseguir una erección.

Lo del cuello suele emplearse, por parte de algunos iluminados, como manera de provocar ahogamiento e hipoxia (falta de oxígeno) que, según estos practicantes, mejora las características del orgasmo. Llámase asfixiofilia la querencia por estas sofocaciones, y su resultado extremo es la muerte erótica; el no va más, supongo.
En el caso de Carradine, y mientras no se demuestre lo contrario, fue una muerte autoinfligida, probablemente accidental, a la que accedió miestras se la pelaba como un mono.
Bueno, como un humano. Somos los únicos primates capaces de causarnos daño por placer y torturar a nuestros iguales.
 Y suerte que Dios nos hizo a su imagen y semejanza.