martes, 29 de septiembre de 2009

Barcelona de noche


Estatua humana (o no)

Tras el fracaso de la cena en la terraza de las ramblas, nos adentramos en el Raval. Camino expedito: calle del Hospital hasta legar a un portal que nos  lleva hasta la de San Rafael. Casa Leopoldo. Poca coña.Yo ya iba allí en la década de los cuarenta. Leopoldo, entendió lo que gustaba de comer a la gente desde 1929. Menú económico al mediodía, pescado y marisco por la noche. En temporada de Liceo (a cuatro pasos) lleno diario de gentes de esmoking pelando langostas con las manos. Raciones asesinas. Calidad suprema de las piezas.

Luego lo llevó Germán, el hijo. "El Exquisito" fue su mote taurino. Ahora la nieta, "la nena". Rosa Gil. Casa Leopoldo es el lugar sagrado de cierta intelectualidad, Vázquez Montalbán el más entrañable. Terenci Moix, el icono gamberro y mal pagador.

Bin y Viggo dicen que no haya cerdo en la comida. Les explico que hasta el jamón es de pescado, y se lo comen tranquilos. Unas gambitas (más de cien), lubina al horno y rabo de toro. Postre, helados. con frutas en almíbar. Te frío para todos (Albariño). Robert nos viene a buscar a la puerta con el coche, y paseamos por las callejas del Raval (ventanillas subidas, el coche blindado) entre vagos, maleantes, narcotraficantes y escoria no filiada.

Parada cerca de la estatua de Colón. Paseo desde la parte  baja de las Ramblas hasta la plaza Real. Decenas de negritas proponiéndonos toda clase de manualidades y oralidades. Algunas levantan su minifalda  y predican en chino ("Chochín,  chochín"). Hablo con ellas para valorar la (maloliente) oferta. Bajan hasta 10 euros al entrever desinterés. Al fin dicen que les llevemos a un bar y les paguemos un bocadillo. Quieren hacernos unas pajas en el bar para darnos las gracias. Les digo que no se molesten, que ya nos las haremos nosotros, que estamos acostumbrados. Al salir del bar vienen chicas rubias y de ojos azules. Rusas, dice Viggo. En realidad son búlgaras, rumanas  y macedonias. Rusas, sigue diciendo Viggo. Para él todas las putas rubias son Rusas. Y lo recíproco también.

De cerca acechan los rufianes. Rumanos y albaneses. Robert les vigila desde una distancia prudente. Hablo con ellos de forma educada. no sin advertirles que Robert es un sanguinario caníbal ucraniano y que será mejor no abrirle el apetito. Robert entreabre la gabardina y deja ver un lanzagranadas cebado. Los proxenetas se miran entre ellos y declinan cualquier acción. Caminamos entre ellos y ellas. Buen rollo aparente. Plaza Real. Moritos lateros, menos peligrosos que los tironeros pero más pertinaces. Turistas meando en las paredes. Moritos vendiendo costo. Borrachos comprando de todo y meando sin mirar. Uno de ellos moja a Viggo. Robert le agarra por el pito, se lo tuerce y dirige el chorro hacia su propia boca. Está tan borracho que no atina a parar. Luego Robert le arrastra  hacia los contenedores de basura (todavía teniéndole la chorra) y lo tira donde los restos orgánicos. Nos vamos, que el ambiente está cargado.

Coche, Ramblas arriba. Robert no se pueede contener y dispara una granada hueca por la ventanilla. La fuente de Canaletas a tomar por el saco. Habitual en nuestra ciudad. La destrozan cada vez que gana el Barça. Bin se adormece. Demasiado te. Vamos al Claris. Le llevamos a la habitación y se pelea con la momia. Robert le da unos toques en la cabeza con un escriba sedente, lo que le aplaca. Luego lo mete en la cama. Mañana será otro día e iremos al Camp Nou.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Amigos en Barcelona


Sensacional. Viggo y Bin (le llamo así para no despertar alarmas en los buscadores de líos) han venido a Barcelona. Número de circo en el aeropuerto. Tengo un íntimo amigo, mando de la guardia civil, al que pedí que les fueran a buscar al avión, aún en la pista, y les escoltasen hasta la sala VIP para encontrarnos. La entrada triunfal de los guardias en el aparato con un cartel en el que constaba solamente el nombre de Viggo causó conmoción. Bin, educado, adelantó las muñecas para el espose. Los guardias, pensando que era un saludo regional, también le alargaron las muñecas antes de cuadrarse y saludar a lo militar. Les llevaron al coche oficial, donde les esperaba el mando, quien los saludó de mi parte y los acompañó a la terminal. Robert, el armenio, fue con ellos. Simpatizó con el guardia, y le contó sus antecedentes como mando en el ejército Rojo. Quedaron en verse.

Sala VIP. Viggo y Bin, aún conmocionados por la visión de los tricornios, se desploman en un sillón y tengo que facilitarles oxígeno. Aclaramos el entuerto, y me insultan gravemente. Tras el tercer lingotazo de oxígeno se calman. Bin tomó un coñac pensando que era te de manzana. No le saqué del error. Viggo, cuatro tes.

Coche negro, discreto, Robert conduce. Los guardias nos traen las maletas que ellos mismos han rescatado del habitual pandemonium. Hay una de más, que han cogido por si acaso y porque les ha parecido muy bonita. Nos dirigimos al Hotel Claris, a dos pasos de mi casa, y  que pertenece a un empresario coleccionista de obras de arte del antiguo Egipto. Estatuas y momias (auténticas) en cada suite. Originales de Andy Warhol en el bar. Conserjes negros de uniforme victoriano.

Tiempo de descanso. Salida para comer. Ropa de camuflaje. Viggo y Bin, de turistas yanquis. Pantalones cortos y arrugados, camisa tipo mambo y gorrita de bofetón.  Tapas selectas en el Paseo de Gracia. Cerveza para todos (que Bin confunde con te chino). Precios de escándalo. Cada jarra 10 €. Camareros desagradables. Tapas desangeladas. Barcelona, al fin y al cabo.

Primera visita, casa Batlló y casa Amatller. Una de Gaudí y otra de Puig i Cadafalch. Viggo se interesa por el precio, quiere montar delegación en Barcelona. Bin dice que ha estado en jaimas más bonitas.

Luego Sagrada Familia. Viggo y Bin preguntan si los japoneses viven allí, por la cantidad que llega a haber. Les cuento que son los que la financian. Al final, quizá, la llevarán a Japón. Bin analiza cuidadosamente cuántos aviones serían necesarios para demolerla. Le explico que están construyendo el túnel del AVE a dos metros de los cimientos. Que espere unos meses y será demolida por mor de la incuria municipal. Quiere conocer al alcalde para abrazarle. Viggo no entiende por qué hacen el tunel por el camino más recto, que es el que menos comisiones dará a los munícipes corruptos. Sospecha (Dios no lo permita) que son honestos. Le recuerdo que la incompetencia es más poderosa que el cohecho. Se hace cruces, bueno, medias lunas.

Bus turístico. Terraza del bus. Sol de justicia. Llegamos al Parque Güell  sudorosos. Ochenta por ciento de humedad; Bin prefiere el desierto. Robert nos ha seguido en el coche negro, con aire. Nos metemos dentro a reponernos. Parque, saludo al dragón policromado que lo cela. Lástima, hoy no hay bárbaros dándole martillazos. Solamente japoneses haciendo fotos. Pasillos de estalagmitas, columnas sosteniendo una plaza bordeada de cerámica rota y vuelta a pegar. Bin agradece la ausencia de figuras humanas. El dragón no cuenta.

Coche negro. Vamos al teatro antes de cenar. "Circo de los Horrores". Viggo enardecido, vitorea a los vampiros. Bin escondido debajo de la butaca, muerto de miedo. Robert, disimuladamente, desde la última fila va matando actores que le parecen sospechosos. Arma corta, computadorizada y silenciosa, con apariencia de bollicao. Dispara mini cápsulas con escopolamina. Nos vamos cuando el elenco va menguando y antes de que descubran los orificios de los balines.

Ramblas. Estatuas humanas con pinta de deshechos de un psiquiátrico muy perverso. Debo ponerme serio con Robert, que ha degollado a dos que le parecieron especialmente repulsivas. Viggo se encara con una estatua de Putin y le habla en ruso. Putin le pide un euro, si no, no habla. Robert le agarra de un dedo y le hace hablar a voces. La gente aplaude y da euros a Robert. El armenio sostiene que por cien euros le degüella en público. Me los llevo de allí antes de acabar la animada colecta, que recoge Putin como puede y huye despavorido.

Vienen los niños magrebíes y quieren arrancar la mariconera de Robert. Tres golpes de karate (o así)  antes de que Bin imponga paz, riña a Robert por su furia, levante a los niños del suelo y les hable en árabe de lo grande que es Dios. Un niño le da una patada en los huevos antes de huir. Robert, un poco picado por la regañina, le dice a Bin que nada sucede sin que Dios no lo permita. Viggo impone su autoridad y propone un te de menta en una de las mesitas que los bares instalan en el paseo central de Las Ramblas. Bin, un poco encogido,  acepta sorprendido con la variedad de tes que hay en Barcelona.

Lo mismo que en el Paseo de Gracia, pero más arrabalero. Consumición mínima una paella  y cañita de cerveza.  (58 euros cada uno).  Protestamos firmemente y nos mandan unos matones albano-kosovares. Robert, que es más bien bajito, por cierto, les quita las armas sin despeinarse y les amansa con unos golpes certeramente aplicados con la paella del arroz. El camarero, lívido, pregunta si aceptaríamos un descuento. Demasiado tarde, dice Robert antes de hacerle comer la paella (la pieza de hierro, no el arroz que es incomible).

Mañana les contaré nuestras andanzas con las putitas negras, con unas rumanas y sus rufianes, y nuestra visita al museo del Barça.

martes, 22 de septiembre de 2009

La estrategia funciona


Adios. ¿Hasta cuando?


Decía en el post anterior que el Millet buscaba, con su carta, acceder a mejor trato por parte del juez. Lo que fue una interpretación mía el mismo día de la "confesión" fue ratificado, al día siguiente, por uno de sus abogados. Sr. Pina.

Consideraba yo que la "confesión" era ful, o sea, trucada. Pero mucha gente está de acuerdo en que el fin pretendido, librarse de la trena, es perfectamente posible tras la publicación de este engendro retórico.

Mientras tanto, los cantantes del Orfeó Catalá (recordemos que el Palau, originariamente, fue la sede de la agrupación coral) pasándolas putas, con pocas dietas, escasos medios y precariedades varias. El jefe, bien, gracias. De vacaciones en Dubai y las Seycheles a medio millón de euros el circuito.

Más cosas curiosas: el secretario (un abogado) del consejo de administración mandando cartas explicando al Montull (el secuaz del Millet) cómo maquillar las cuentas para despistar a Hacienda. Se olvidó el buen hombre de que, en el nuevo código penal, existe la hermosa figura de "colaborador necesario" que convierte en delincuentes (y no "asesores legales") a los letrados que explican esas cosas a sus clientes.

Otra: los síndicos de cuentas que dicen haber descubierto cosas raras en 2002, y haber informado a los patronos del Palacio: el "conseller" de justicia, el alcalde de Barcelona Sr. Clos, y el presidente de la diputación. Nadie se dio por enterado. Parece que el Millet mandó una carta diciendo que las irregularidades ya estaban subsanadas o a punto de subsanarse.

Decía en mi anterior post que Millet provenía de una familia rancia de la burguesía catalana. Más o menos, de la democracia cristiana. El abuelo fundó el Palau en 1908. El padre lo dirigió durante el franquismo. Creo que fue en el cincuentenario, 1958, que en el acto protocolario de conmemoración, se incluyó una comida tras la que Millet (padre el actual) pronunciaría un discursito instando al brindis. El delegado gubernativo le advirtió que el discurso lo hiciera en castellano o, de lo contrario, le esposaba allí mismo y detenía a todos los asistentes. Millet padre, se levantó, alzó su copa, y permaneció en silencio... hasta que los asistentes le aplaudieron y vitorearon entre lágrimas de emoción.

El nieto, el Millet descarriado, es patrono de la FAES en Catalunya. La fundación del Sr. Aznar donde (para mí) se conservan las esencias de un espíritu que más tiene que ver con la unidad de destino en lo universal que con la cultura catalana.

En Cataluña es notorio que las fortunas burguesas las amasa el abuelo, las consolida el padre y las dilapida el nieto. Millet nieto ya había dado muestras de su ralea cuando participó en Renta Catalana, una pirámide tipo Maadof que pulverizó los ahorros de crédulos catalanes capaces de confiar en rentabilidades mágicas en manos de sinvergüenzas con buen marketing. La tesis que sus abogados manejaron (y que les absolvió) fue que ellos, pobretes, no querían hacer las cosas mal, sino que se equivocaron en las inversiones. ¿Les suena eso de los "errores"?

Maadof habría hecho mejor montando su mafia en España que en Nueva York. Los panolis son igual de crédulos y los jueces mucho más comprensivos.

¿Irá el Millet a la cárcel? Se admiten apuestas.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Confesión de mal pagador



El Sr. Félix Millet ha visto publicada en La Vanguardia una carta que ha mandado al juez instructor de su causa. La emisión de tal documento habrá sido recomendación de su abogado, supongo que con la idea de quitar hierro al asunto y buscar atenuantes tales como arrepentimiento, confesión, reposición de daños. 
Tanto el Sr. Millet, como su letrado, Sr. Molins, pertenecen a un estrato social concreto, tirando a muy alto, cuyos miembros comparten clubes sociales, intereses, vicios y virtudes. Unas cien familias, dicen los rumores. Los pertenecientes a este subconjunto suelen mirar para otro lado cuando algún niño mal de casa bien se descarría. Hoy por tí, mañana por mí. Sus enfrentamientos no llegan más allá de juntas directivas para los círculos, tipo Ecuestre o del Liceo, o por derechos de pernada con alhuna amante.  No llega el agua al río. Comparten el pan y la sal en los mejores consejos de administración.


Son poco amigos de aceptar sobrevenidos, desclasados tipo Jesús Gil, aunque a veces consienten en aceptar su pasta y acabar mofándose. El ex presidente del Barça, Sr. Núñez, se sienta en el banquillo por un tema tributario y no teman que haya movido ni una uña alguno de los conspicuos burgueses que callan y miran con simpatía al Millet. Claro que los compinches de presunta estafa del Núñez son el apestado de la Rosa y el abogado Folchi, ambos con un pasado de vacaciones carcelarias. Intrusos absolutos y, además, pillados in flagranti. No es malo delinquir. Lo jodido es que te pillen con las vergüenzas al aire, y más si tu casta es la de los piojos resucitados.

Creo que el Millet, en su carta, debe de haber pensado por su cuenta desoyendo a su abogado. Cobra demasiado el Sr. Molins como para cometer lo que (para mí) son palmarios errores semánticos. Por ejemplo:
  • Llamar "equivocaciones graves" a ciertos actos suyos que podrían definirse mejor como "delitos".
  • Alegar que la ocultación de dinero negro es algo tan frecuente que ni vale la pena tenerlo en cuenta. Pienso que también es un delito, y grave.
  • Decir que hacía las cosas sigilosamente para que no malpensaran  los demás. Mejor haría en decir que de noche todos los gatos son pardos, y que mientras no le pillaran tampoco se trataba de presumir.
  • Decir que medio millón de eurillos que gastaron él y su compinche en "viajes" fueron una especie de compensación, unos "bonus" por el trabajo bien hecho. Yo más que una gratificación lo llamaría un latrocinio. Cosas mías.
  • Hablar de arrepentimiento. Hubiera preferido espantada o cobardía. A buenas horas.
  • Presumir de haber devuelto 1800000 € al juez, sin decir que este dinero lo descubrieron los Mossos de escuadra en una caja de seguridad bancaria, abierta por orden judicial. Eso se llama "hacer de la necesidad virtud".
  • Alardear de haber impedido una operación comercial de compraventa de un edificio, comprado a su nombre (con dinero del Palau, he entendido) y revendido al Palau por el doble de su valor. Lo triste es que lo impidió al día siguiente de haberse destapado el pastel. No el día antes.
  • Poner su patrimonio a disposición del juez. ¿Qué pensaba que haría el juez? ¿delarle marchar sin embargarle?
En resumen: presentar como actos de nobleza y arrepentimiento  lo que no son, a  mi manera de ver, más que excusas tediosas e inoportunas, al tiempo que se pretende pasar como alguien que se equivocó "mas en las formas que en el fondo". O sea, un borrico, no un chorizo. Un borrico que sabía que lo que hacía estaba mal y que puso amplios medios para ocultarlo. Por suerte, borrico al fin y al cabo, dejó groseras huellas que llamaron la atención a los inspectores de Hacienda.


La estupidez no es un atenuante. Los tontos con iniciativa son peligrosos pero, gracias a Dios, imputables. De momento le han levantado tres millones y medio de euros, más o menos. Veremos lo que inventa el Millet para cuando vayan saliendo más esqueletos de sus armarios.

martes, 15 de septiembre de 2009

El Juez y la Notaria


'Yes, We Can' (hacer el ridículo)

Publican los periódicos de Barcelona la comparecencia judicial de un matrimonio que va a la greña. ¿Por qué este caso, tan manido y zafio como la mayor parte de refriegas entre parejas, alcanza portadas?

Quizá sea porque el marido pertenece al cuerpo judicial y, hasta la debacle, oficiaba como juez decano de Barcelona, en tanto que su señora es titular de Notaría. Tengo para mí que  un Juez y una Notaria deberían emanar un halo de dignidad, respeto por las leyes, o, cuando menos, maneras.

Pero sigue siendo cierto que picha tiesa no cree en Dios. El juez, al parecer, tuvo escarceos con una señora ajena a la familia. La notaria no dudó en contratar detectives para esclarecer las dudas que, en estos casos, son fácilmente percibidas por las esposas. Unos calcetines de distinto color, olor a pescado en los calzoncillos... son muchas las pistas que los varones suelen dejar a lo largo de sus desviaciones.

Los detectives, si son de postín (o sea, carísimos), aportan cosas increíbles para los profanos: fotos, grabaciones, videos tomados en los hoteles, recibos, billetes de avión, etc. Lo más dramático suelen ser las fotos de la pareja entrando en el templo del fornicio. En casos exquisitos, los espías llenan con cámaras ocultas  la sala del tálamo, lo que produce material digno de ser enviado al pornotube.

Nadie ha dicho nunca que las notarias (ni los notarios) estén hechos de distinta pasta que cualquier cónyuge burlado. La esposa herida decidió poner los puntos sobre las íes.

A partir de ahí, versiones contradictorias. Según ella, el marido no quiso oír hablar de divorcio y la empujó bruscamente contra la pared, Ella contraatacó para defenderse. Según el encausado juez, fue ella la que se le tiró encima (además la dama es cinturón marrón de karate) y pretendió agarrarle las pelotas, con lo que el buen hombre tuvo que calentarla un poco para evitar la cercana castración.

Después, el vodevil. Mossos de escuadra llamados, un piso que no se abre, escenas de ansiedad, escándalo público y denuncias mutuas.

El juez promiscuo, antes de esa historia, estaba en perpetuo rifirrafe con los Mossos a causa de algunas filtraciones. En Barcelona, ni los jueces ni los Mossos tienen la buena imagen que, a priori, deberían tener. Se cruzan invectivas y veladas acusaciones. Mi abogado me recomienda decir que yo sí los tengo en mucha estima y consideración.

El caso se ha filtrado. Al juez rijoso lo apearon de su decanato y, ahora, en vista por violencia conyugal, veremos qué sucede. Ante el lío de versiones, es factible lo salomónico. Unos meses de cárcel a cada uno (que no se cumplen), un poco de tierra encima, y a otra cosa.

La ciudad de los milagros sigue produciendo mitos urbanos.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Muñecas para niños (grandes)






Muñecas japonesas para jugar (no las niñas, por supuesto)
Detalle de preferencias pilosas (a elegir)



Cuando coloqué la foto de un prostíbulo japonés en mi post anterior, pensé que sería interesante explicar las características diferenciales de este tipo de negocios en Japón.

Debemos partir de la base de que la religión (o lo que sea) que se maneja en Japón, el Sintoísmo, no contempla el concepto de pecado, ni ve ningún impedimento para la práctica del sexo sin ataduras.

Con una larga tradición de interés de los hombres por las mujeres muy jóvenes, Japón es uno de los países con mayor cantidad de Web de pornografía infantil. Muchas niñas en edad escolar, de 12 años en adelante, se consideran afortunadas si consiguen un hombre mayor que colme sus caprichos (ropas de marca, maquillaje, perfume, etc) a cambio de concederles momentos de placer sexual. En 2003 estalló una especie de escándalo cuando se descubrió una red de adolescentes para ricos señores mayores, dirigida por un director de instituto escolar. Niñerías.

Existen tiendas de ‘fetiches’ para gente que gusta de estas cosas, y entre los productos más esperados están las braguitas de niña (sucias y olorosas, son envasadas al vacío), compresas o tampax usados. Las jovencitas acuden a las tiendas para cambiar sus deshechos por vales que les permiten acceder a calzado de marca o similares.
 

Las mujeres, en Japón, suelen tener ‘gancho’ hasta poco más de los 20 años. Después solamente sirven para el matrimonio, clásico, rito sintoísta, concertado por las familias. Las más cultas intentan estudiar en el extranjero, y mantienen una vivaz vida sexual hasta los 30 años más o menos. Si se casan en otros países, resultan normales en relación con las costumbres de su país de adopción. Pero, si se sienten japonesas de verdad, hacia la tercera decena dimiten de sus puestos en América o Europa, ponen fin a carreras profesionales brillantes, y vuelven a Japón para casarse con algún treintañero propuesto por sus padres. Las chicas ponen fin también a su vida sexual, en la mayor parte de los casos.

A los treinta y pico, las nenas ya no son deseadas. Pueden mantener su encanto aniñado, pero no pueden competir con la amplia oferta de niñas de verdad. La japonesa casada suele hacer el amor conyugal las dos o tres veces (en su vida)  que servirán para la procreación. Y se acabó. Intentad preguntar por estas cosas a vuestros amigos japoneses, y normalmente lo negarán con excusas. Si les habéis suministrado suficiente bebida espirituosa cantarán y explicarán detalles escabrosos. A las amigas japonesas no les preguntéis. Limitaros a follar cual conejos, que el fin del mundo está cerca.

Así como las esposas japonesas pasan a engrosar el infinito universo de esposas de todos los países expertas en masturbación, los hombres japoneses, dependiendo de sus capitales, siguen practicando el coito dos o tres veces por semana. Prostitutas por supuesto. Si el capital es de los que cotizan en bolsa, niñas de secundaria. Entre los 10 primeros de Forbes, Gehisas de verdad. Mínimo 6000 € la velada, más comida, bebida y local.

Las prostitutas comunes se agrupan en burdeles que más que casitas son barrios enteros con edificios descomunales semejando un complejo fabril o una zona comercial de extrarradio. Cada uno sabe en qué piso y habitación debe buscar su favorita, aunque puede escoger en los amplios y detallados catálogos de recepción. Como que la prostitución mercenaria, por dinero, está prohibida, el pagano debe acceder antes a las tiendas de la planta baja, que tienen un aire de listas de boda del Corte Inglés. Allí el cliente elige un regalo, paga, y le dan el vale que acredita que el regalo puede ser recogido.

Estos vales son los que se entregan a las asistentas tras el desahogo. Ellas suelen cambiarlos, a su vez, por dinero. Pero nadie puede decir que han follado por dinero. Si acaso por un minipimer, que, como ya tienen muchos, canjean por efectivo.

Algo similar pasa con el juego. Los japoneses incluyen muchos ludópatas del ‘pachinko’ un juego de tragaperras detestable en el que solamente interviene el azar. Se juega con bolas de acero, las cuales deben ser adquiridas e introducidas en la máquina para que lleguen a determinadas casillas. Los premios se pagan en más bolas. En los salones, las bolas ganadas pueden canjearse solamente por lápices de labios. Los buenos jugadores pueden perder miles de yen, o salir de allí con un cargamento de lápices labiales. Curiosamente, en el otro lado de la calle, se emplazan quioscos especiales donde, es curioso,  uno puede vender las barritas de colores y canjearlas por efectivo.

La hipocresía no es un bien exclusivo de los mandatarios barceloneses. Es preocupante la cantidad de turistas japoneses que se mueven por la ciudad condal. Dicen que adoran el estilo de Gaudí y el talante de los catalanes. ¡Dios nos asista!

 

domingo, 13 de septiembre de 2009

Solución puterina

Prostíbulo en Japón

Tengo para mí que no debemos recurrir a las normativas generadas por los ministerios de Interior.

Hacienda es quien debería regir nuestros análisis. Al fin y al cabo, cualquier solución requiere inversiones. Bueno es tener contentos a los esbirros que custodian, recaudan y distribuyen los tesoros. Hacienda saca sus mejores dineros de los pobretes que no pueden ocultar sus ingresos. O sea, de quienes cotizan en el Instituto Nacional de la Seguridad Social, extensión del Ministerio del Trabajo.

No hace mucho leí la noticia de una abogada que probó de rellenar una ficha de 'autónomos' con la profesión de 'prostituta'. Lo hizo para un trabajo universitario, no es que la chica trajinara con el sexo. Fue aceptada, y se le concedió la capacidad para cotizar. En un solo movimiento, integrada en Trabajo y en Hacienda.

En otras palabras, si las putas aceptan inscribirse como autónomas y pagar sus cotizaciones e IRPF, pasan a quedar integradas en las sólidas listas en que los potentes  ministerios nos tienen bien controlados  a todos, como currantes y como paganos.

El segundo paso, necesario  para soslayar agravios comparativos, es conseguir una titulación digna. Un grado medio, de momento, aunque no excluimos un máster de postgrado. 'Asistente sexual' parece lo más pertinente. Hasta ahora se anuncian en los diarios como masajistas o fisioterapeutas. Crea mal ambiente entre profesionales de la sanidad. Dejémonos de eufemismos. Debería instaurarse la titulación de "Asistente Sexual", donde se esttudiase la manera de asistir a personas ignorantes en cuanto a conseguir los pertinentes retozos. Las personas 'asistentes' les enseñarían a hacerse pajas o a follar, con más práctica que teoría y la mayor implicación personal posible.

Se oficiaría en pisos, con todos los controles necesarios, incluyendo los de Sanidad y Trabajo. Pequeños negocios de personas autónomas, o de asociaciones de profesionales.

El ministerio de Hacienda podría colocar en cada uno de estos pisos personal con calidad de funcionario público, o sea, autoridad, para inspeccionar sobre la marcha la contabilidad. Los recibos, con IVA, garantizarían la blancura del dinero. Tales servidores públicos podrían ser elegidos entre personas con estudios mercantiles y contables, pero relegadas al paro por razones de edad o procesos de deslocalización. Acreditarían virtudes las personas de escasa libido capacitadas para mantenerse, sin tentaciones, en lugares de tanto fornicio. Se les podría primar con un variable (tanto por polvo devengado y cobrado) para estimular su ímpetu recaudador.

Si la sexualidad hipoactiva fuera un mérito, habría parados de larga duración, desesperados, que aceptarían la castración para conseguir una de estas canonjías. Una ganancia más y una preocupación menos.

Las señoritas, acostumbradas a soltar la mitad de la mosca para sus explotadoras mafias no se verían perjudicadas al cotizar para Seguridad Social y Hacienda. No es que las nuevas protectoras reembolsen menor participación las , pero ofrecen un cierto halo de dignidad. No deja de ser cierto que el Estado es el socio al 33% de cualquier negocio lícito. Cuánto más dinero blanco se genere, más contento estará el Estado y más lícito será el asunto.

Los estudios de 'Asistencia Sexual' equiparables un ciclo superior de FP, darían una excelente oportunidad de trabajo para ex-prostitutas, las cuales, con sus clases, permitirísn la conservación de un acerbo impagable. Nótese que un nuevo ministerio, el de Educación, pasará a cobrar unas tasas que nunca vienen mal.  Dinero llama a dinero, con lo que el Estado estaría cada vez más contento.

La sabiduría nunca es mal hallada. No es fácil hacer buenas mamadas, ni fingir orgasmos con amplios visos de credibilidad. Muchos padres de niñas con alma puterina accederían gustosos a que sus hijas profesionalizasen los abundantes servicios que prodigan de gratis, al tiempo que aprendieren rudimentos de higiene,  contabilidad y organización que las capacitaren para mejor desenvolverse en sus inciertas vidas.

Ni que decir tiene: las nuevas academias también cotizarían a Hacienda, y serían pródigas en la creación de
puestos de trabajo. Incluso instituciones educativas de extracción religiosa, podrían instaurar cursos bajo las adecuadas advocaciones, Santa María Magdalena las más ortodoxas, o los Santos Matías y Zacarías (metías y sacarías) las de tinte más informal.

viernes, 11 de septiembre de 2009

¿Profesión?


Estos días, en las tertulias barcelonesas, hay debates acerca de la posible legalización de la prostitución. Hay dos opciones mayoritarias:

1. No legalizar. Es la opción de los que se autodenominan 'progresistas', y añaden 'feministas' si son hembras. La prostitución es degradante 'per se' y no hay ninguna mujer que sea puta por gusto.

2. Legalizar. Parece una opción liberal. Cada cuál es libre de hacer lo que quiera con su cusale el dineroerpo. Suelen acompañar su opinión con el consejo de eliminar la oferta callejera y centrarla en burdeles. Las parecería bien que las chicas se autogestionasen y crearan cooperativas.

La opción '1' olvida que muchas putas lo son por necesidad. Los 'buenistas' dicen que deberían ser reeducadas, formadas con estudios y encauzadas hacia el trabajo honrado. Nunca explican de dónde sale el dinero. Tampoco suelen ofrecerse para acogerlas en sus casas mientras tanto.

La opción '2' es la típica de los que escurren el bulto y predican esconder los problemas y dejar pasar el tiempo.Ninguno explica cómo se evitan los chulos y las mafias que monopolizan el negocio.

Voy a ofrecer una opción '3', de mi cosecha. Tiene costes y riesgos. No es a corto plazo sino a unos tres o cuatro años. Se auto financia. Crea muchos nuevos puestos de trabajo. Tiene abundantes opciones para contentar a todos.

Mañana se lo explico.

jueves, 10 de septiembre de 2009

El tiempo no pasa en balde... o sí.



En septiembre de 2001 escribí esta entrada para mi blog de entonces. ¿Les suena a antiguo?  ¿Ha envejecido?

Lo inspiró una noticia acerca de que las prostitutas negras ocupaban nueve quilómetros de aceras en Barcelona,

Benditas cuantificaciones. Nueve quilómetros de aceras. ¿Se habrán cuantificado también las horas de actividad sexual por día? ¿Los litros de semen desocupado? Decenas de africanas se instalan en nuevas vías y toman de noche el paseo central de la Rambla. La policía sospecha de la presencia de menores y el Ayuntamiento teme el contagio de infecciones. Desde el pasado otoño se produjo una súbita llegada de jóvenes subsaharianas.

A partir de aquella fecha, el desembarco ya no ha cesado de modo que han terminado por ocupar zonas hasta hace poco despejadas, como los alrededores del Hotel Juan Carlos I, y se han extendido, como una mancha de aceite, en otras zonas, por ejemplo las inmediaciones del parque de la Ciutadella.

Esto de “subsaharianas” es un eufemismo geográfico que evita llamarlas negras, o negritas, lo que provocaría que fuésemos etiquetados de racistas. Hay que ser respetuosos con la dignidad de las personas, y no hacer distingos por sexo, color de la piel. raza o religión. Todo lo más, se permiten distingos gentilicios. En Estambul, por ejemplo, a las prostitutas se las llama, genéricamente, rusas. Lo mismo se hace en Budapest, a pesar de que una mayoría de las rusas húngaras son polacas.

Las negritas que esparcen generosamente el SIDA en las ramblas barcelonesas empezaron a aparecer hacia septiembre de 2000, sin que quede muy claro de dónde venían ni a través de qué medios. Al parecer no se ha detectado la presencia de proxenetas, por lo que las autoridades suponen que trabajan por libre.

Han tomado la parte central de las Ramblas y se ofrecen de forma muy explícita y agresiva a cuanto varón advierten como posible cliente. Son más de cincuenta y sus rostros delatan una notable juventud. Miembros del cuerpo de Mossos de escuadra, la policía catalana, lograron llevar una de estas morenitas al Hospital Clínico donde los médicos, aparte de otros análisis no menos pertinentes, radiografiaron los huesos de sus muñecas para determinar la posible edad. Dedujeron que estaba entre los 16 y los 18, pero la niña aseguraba pasar de los 18 y, ante la ausencia de papeles acreditativos, tuvieron que dejarla marchar en espera de provisiones judiciales.

Estas prietitas subsaharianas parecen entrar en el tronco de las Izas, según la terminología clásica rescatada por Camilo José Cela. Un curioso libro suyo lleva por título: “Izas, rabizas, colipoterras, purgamanderas y putarazanas”. Alude a los calificativos de las prostitutas, con relación a su antigüedad en el oficio. Izas, aféresis de primerizas, eran las más jóvenes. Putarazanas eran las veteranas, decanas con muchos coitos mercenarios sobre sus espaldas, es un decir.

Las subsaharianas son una inyección de sangre nueva para la bien surtida congregación de prostitutas ejerciendo en Barcelona. Nuestra ciudad parece tener el dudoso honor de ser la urbe con la mayor proporción de actos sexuales mercenarios por habitante. Muchos de los periódicos diarios, aún los más serios, incluyen varias páginas dedicadas a los anuncios de prostitución, con profusión de fotos y sugerencias ocultas tras la curiosa jerga de lo sicalíptico. Lluvias de colores y ósculos carentes de color alternan con edictos acerca de nacionalidades (la griega y la francesa son muy apreciadas) y admoniciones acerca de que ciertos servicios se perpetran a pelo.

En comparación con estas delicias del marketing, la acometividad salvaje de las subsaharianas, palpando por la brava la entrepierna de los paseantes, se nos antoja primitiva y algo patética. Se corre el riesgo de provocar el infarto a más de un provecto viandante que, ignorando la novedad, fuera a comprar unas flores a los puestos cercanos y se viera, de improviso, atacado por una negrita que agarrara su hernia inguinal al tiempo que profería palabras malsonantes (“Tu follar. Tú grande pollo. Yo comerte titola”) de difícil comprensión para un señor respetable.

El peatón puede pensar que la negrita es antropófaga, y que, hambrienta y abalanzada, va a hincarle el diente en plena Rambla de las Flores. El susto no se lo quita nadie. Suerte que, para desengrasar, y aprovechando su aturdimiento, será fácilmente atacado por alguna banda de niños magrebíes, de las que también abundan en las Ramblas. Los infantes, protegidos por toda clase de ONG y sistemáticamente puestos en libertad por cuanto juez presume de trabajar en Barcelona, le darán al viajero una tunda de palos y le despojarán de cuanto de valor pueda poseer. Como no tienen prisa, le registrarán cuidadosamente (mientras los demás transeúntes se apartan y huyen a la carrera) y, con un poco de suerte, hasta le quitarán la hernia inguinal.

Las prostitutas negras, perdón subsaharianas, y los niños moros, perdón, magrebíes, se insultan entre ellos, pero, al fin y al cabo, perros de similares camadas, no se llegan a morder. La prostitución callejera, al menos, tiene la alternativa de la prostitución de salón, anunciada además en la prensa diaria. ¿No podrían propiciarse locales similares para los rateros, tironeros y descuideros?

Si las prostitutas llenan dos páginas, estos podrían ocupar todo un cuadernillo. También por especialidades: carteristas colombianos, descuideras peruanas, asesinos moldavos... Los clientes en busca de emociones podrían acudir, con la ventaja añadida de que no se verían en la tesitura de quedar contagiados del Sida, como es preceptivo en las "casas de masajes". Saldrían con un mal sabor de boca, tal y como sucede tras los coitos mercenarios, o tras cualquier coito al decir de los clásicos (omne animal post coitum est triste: todo animal está triste tras el coito), pero sin temor a que la familia les descubra por el olor.

También les habrán aligerado del dinero, pero, al menos, no habrán tenido que pasearse por la Rambla y sus aledaños (geniales los descuideros de la calle Pelayo) ni soportar las palomas de la Plaza de Cataluña, las que quedan, tras haber sido tomada la plaza por legiones de subsaharianos, varones, que viven y pernoctan en ella y que compiten con los niños por las palomas. Los niños las alimentan con cañamones y los subsaharianos las degluten tras asarlas en las hogueras que apañan con los bancos de los jardines.

La cosmopolita Barcelona, ciudad de acogida, y yo en su nombre, da la bienvenida a prostitutas, maleantes, gentes de colorines e incautos que a ella se acerquen.

Prostitución reconsagrada

Fotografías de Juan Colom, Barrio Chino, 1960

Cada día aparecen nuevas noticias. Hace tres días, el alcalde Hereu se mostraba contrario a crear 'barrios rojos' en Barcelona. Recalcó que en su barrio, él no lo permitiría. En cambio ayer dicen que dijo que tendrían que ser tolerantes con los 'meublés' del Raval.

Cuando yo ¡ay! era joven, el Raval se llamaba 'barrio chino' y estaba lleno de meublés y de bares con sus respetables putas. Nada de prostitutas, putas. En la calle Robador, la auténtica central lechera del 'chino', locales como 'El Clavel' o 'La Virgen del Rosario' alternaban con las tiendecitas de 'gomas y lavajes' donde se dispensaban condones y se irrigaban las uretras escocidas de los clientes gonorreicos. Los lavajes preventivos se efectuaban tras el traqueteo. Los presuntos sifilíticos eran sometidos al envenenamiento mercurial con 'Salvarsán' . Los más escacharrados, a los médicos especialistas en 'Piel y venéreas' que también solían tener consultorios en las respetables inmediaciones.

Las chicas se arrendaban en los bares, el arreglo era inmediato: "¿Cuánto?" "Tanto" "Vale" "Vamos". Se salía y, en las escaleras colindantes, se subía hasta el piso con habitaciones que se rentaban por minutos. Sábanas dudosas, y un bidé donde las señoras lavaban la picha de los puteros con jabón de coco, de pastilla, al tiempo que la escurrían un poco para detectar la posible presencia de la gota de pus que delataba la infección por el gonococo; 'purgaciones' se le llamaba a la invalidante afección. Si salía la gota, a la calle con requiebros. Si no, al desaliñado jergón.

Las chicas ni se desvestían, se limitaban a arremangarse. No fingían aspavientos, antes bien daban prisa. Cuando el panoli descargaba, aire. Y a otra cosa.

Los meublés del 'chino' fueron envejeciendo y degradándose. Unos cerraron. Otros fueron eliminados en aras de la sanidad. Hace unos meses cerraron los pocos que todavía quedaban abiertos en la calle Robador, y en los que solamente oficiaban algunas venerables ancianas que combinaban el puteo más arrastrado con la pobreza de pedir. Sus clientes, mendigos de la misma ralea que sus Julietas.

La verdad es que pocas personas en su sano juicio se aventuran en el Raval, más que los que se ven obligados: inmigrantes que lo habitan en su gran mayoría, y que evitan los senderos tomados por los narcotraficantes, los matones a sueldo y los niños moros de la calle (los más peligrosos de todos ellos). También deben arriesgarse los habitantes ancianos de los ruinosos edificios, y que no tienen más remedio que sobrevivir bajo mínimos, esperando que nadie les ataque para robarles o que, si les atacan, no les dejen malheridos, al menos que les maten. Los habitantes de los nuevos pisos rehabilitados los van abandonando. Los clientes de los hoteles, cambian las reservas a paso veloz.

Ahora parece que el alcalde acepta mostrarse comprensivo con la apertura de pensiones tolerantes en el Raval, creo que él no vive allí. No creo que degraden el barrio, quizá le ennoblezcan.

Será imprescindible establecer somatenes o 'rondas' de voluntarios para acompañar a los puteros y sus proveedoras de servicios desde las Ramblas hasta los sórdidos habitáculos. Armados hasta los dientes, por supuesto. No creo que la Urbana o los 'Mossos' vayan a oficiar de carabinas o de niñeras, aparte de que a muchos clientes no se les empinaría el alijo si tuvieran que gestionar con los monillos (la pasma, dicen por ahí) para que les llevaran de la mano hasta el catre.

Veremos como acaba esta historia. La hipocresía sigue siendo el hielo que evita la putrefacción social. A lo mejor Hereu corta las cintas para inaugurar el reinstaurado barrio Chino.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Exhibiciones



El Alcalde de Barcelona ha añadido su voz a las muchas que claman delante del Ayuntamiento exigiendo que alguien haga algo. Experto en tocar el violín asegura que él solo pasaba por allí, y que ya hace tiempo que está preocupado por tanta puta callejera. Dice que, mientras los legisladores no hagan una ley que le permita exterminarlas, no puede hacer nada.

Me extrañan estas cosas. En Sitges hay una ordenanza municipal que pena ir por la calle con el torso a la fresca. Hay unos urbanos dedicados a advertir a los acalorados, y a multarles si se niegan a taparse.

En Barcelona, en cambio, se sigue la estricta letra del código penal. Según éste, la exhibición impúdica, aún de las pudendas partes, no es motivo de pena a menos que se acompañe de 'escándalo público' lo que exige la presencia de niños o disminuídos psíquicos y el ánimo de escandalizar.

O sea que, si no hay niños ni retrasados, puede usted enseñar sus pertrechos o pasear en pelotas por la ciudad condal. Circulan por Barcelona tres o cuatro fanfarrones adictos al paseo a pelo, por las calles del centro. Ignoro si se trata de un hobby, una provocación o una promesa a la Virgen. Uno de ellos, el más conspicuo en enseñanza, exhibe un pedazo de mostrenco pródigo en largueza y envergadura que pendulea al ritmo de su marcha, la cual oscila del paso al trote cochinero. A veces se cruza con niños, pero no sé de ninguna controversia, acaso porque no se queda quieto en ningún sitio ni se soba el solomillo en aras de engrandecerlo o solazarlo.

Otro naturista se pasea en bicicleta por la Diagonal. A veces es denostado por personas pacatas que salen de alguna misa (hay más de un convento en la Diagonal), y ha llegado a intervenir la Urbana para protegerle de algún paraguazo impartido por beatas airadas. Sospecho que en el pecado va la penitencia, pues no debe de ser bueno esto de andar pedaleando con los cataplines fregando el sillín de la bicicleta.

La crisis ha traído otros vicios públicos. Los indigentes barceloneses, algunos de ellos, se almacenaban en pisos-patera donde cincuenta o más atorrantes podían acoplar sus huesos en habitaciones con ocho metros cuadrados de ruina pura. Ahora no pueden pagar la exigua renta, aparte de que ha aumentado el número de ellos. Esa coyuntura atasca los albergues municipales, donde ya no duchan a los aspirantes, se limitan a lavarles los pies (hay que ahorrar). Los sin techo han pasado a dormir en los parques públicos, aunque no de noche. La oscuridad es peligrosa y, en ese submundo, se mata por unos zapatos o por una botella de vino.

O sea que duermen de día, y deponen sus defecaciones y orines en la zona de juegos para niños (no sin competir con los perros cuyos dueños les pasean, de preferencia, en las zonas donde se prohibe la entrada canina). Muestran sus penurias y guarradas en las escasas zonas verdes.

Los niños ya no van a los parques, salvo los de familias en riesgo de exclusión social, las cuales ni perciben el hedor de estas miserias. Anteayer me informó una de mis colaboradoras del estupor de uno de sus conocidos, vecino de la Catedral del Mar, que se topó a las 8 de la mañana con dos mendigos borrachos, uno masturbándose y el otro ayudándole con la boca, entrambos en pleno paseo del Borne, cabe a la Basílica. El Borne es otra zona de la ciudad antigua que, junto con el Raval, ha gozado de la atracción presuntuosa que, desde las jodidas olimpiadas del 92, le clavaron las municipalidades empeñadas en fingir que la ciudad sería capital mundial del diseño pijoprogre, insustancial y antipragmático.

Barcelona, capital de la modernidad, de la inoperancia administrativa y récord Guiness de meadas por centímetro cúbico. Ahora, meca del exhibicionismo mugriento. El Alcalde, récord Guiness del desahogo, chilla contra no se sabe quién.

Siguen las exhibiciones y alardes policiales en las Ramblas, todavía.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Barcelona querida

Actividad (trasera) en la fachada (delantera) de la Boquería

Vuelvo a estar en Barcelona, y la realidad del momento satisface todas mis expectativas. Esta es mi Barcelona, la ciudad de los prodigios cuyo devenir supera cualquier ilusión.

Por ejemplo: las putitas negras de las Ramblas trapichean sexo en plena calle. De hecho lo venían haciendo desde su implantación barcelonesa hace más de nueve años. Son nenas de edad indefinida (entre 12 y 30 años, quizá) que, a partir de la hora nona, ejercen un marketing agresivo en los albores del mercado de La Boquería, templo gastronómico de moda trufado de exquisitos de salón y turistas despistados.

Antes, las azabaches núbiles, se las arreglaban en las callejas del aledaño "barrio chino", hoy día llamado "Raval" (arrabal) en aras de la modernidad y el diseño. Un portal oscuro, de pie, y aquí te pillo aquí te mamo, higiene nula, entre preservativos llenos de semen, semen a pelo, escupitajos, jeringuillas y meadas. Suficiente.

Pero el Ayuntamiento barcelonés se empeñó en convertir el Raval en una zona urbana de diseño. Algunos se debieron de hacer las barbas de oro en connivencia con urbanistas venales, legisladores corruptos y constructores mafiosos. Avenidas iluminadas y hoteles de cinco estrellas se yergen allí donde la piqueta pudo demoler en paz. Donde no, la misma miseria, mugre y suciedad de siempre.

Al principio, los maleantes (chusma que abunda en el Raval) disimulaban en las callejas. Poco a poco, tras ver que las fuerzas vivas (una vez llenado el papo) se despreocupaban de todo, fueron invadiendo las zonas bonitas y bien iluminadas, donde los hoteles de lujo y los pisos reconvertidos en lofts para uso y disfrute de esnobs, pijos, pedantes y arquitectos de moda (medio pelo, por supuesto).

Los malos vieron que allí se acumulaban posibles nuevos clientes, especialmente turistas engatusados por la publicidad acerca del encanto de la deplorable y sobrevalorada ciudad. Poco a poco salieron de las callejas y comprobaron que la iluminación de las avenidas era beneficiosa para sus transacciones. Ayudados por las retahilas de niños callejeros magrebies que, navaja en ristre, ofician en las ramblas y se ocultan en el Raval, limpiaron a su aire las zonas más nobles del reformado extramuros apartando a los jubilados que tomaban el sol, niños en sus juegos y posibles usuarios de tiendas y bares. A la policía no tuvieron que echarla, porque nunca había estado allí, ni por Dios.

Las mejores y más iluminadas calles, permanecen ahora casi vacías. Solamente frecuentadas por compradores y vendedores de droga, ladrones y sus peristas, y moritos ciegos de pegamento dispuestos a matar por cinco euros. Paseantes despistadísimos y clientes (aterrorizados) de los hoteles arrabaleros son los potenciales proveedores del dinero de bolsillo.

Las negritas han debido aprender a manejarse en las Ramblas. Antes se aventuraban en las callejas del Raval, donde un portal oscuro resultaba adecuado para cualquier desatasco que pudiera ejercerse de pie y en tiempo ajustado a eyaculadores precoces.

Pero, tras las reformas, las arrabaleras callejas requieren acceso atravesando las avenidas iluminadas que las amurallan, más peligrosas que un campo de minas afgano. Los pocos que allí ponen el pie sabiendo a dónde van, son los compradores de drogas,y los moritos ciegos de pegamento, que hallan en esta zona un merecido reposo del guerrero tras haber asaltado, acuchillado, tironeado o apalizado, en las Ramblas, para conseguir los cinco euros que requiere el abasto de más tubos de pegamento.

Los nuevos vecinos pijos, que fueron atraídos allí por el pretendido diseño, malviven totalmente acojonados y encerrados en sus reformados lofts, los cuales deben alicatar con sofisticados sistemas de protección y alarma si no quieren verse desvalijados, así como contratar guardaespaldas para acercarse a sus portales.

Lo tienen merecido por creerse lo que dice el Ilustre Ayuntamiento de Barcelona. Suele tratarse de pedantes que creen que el Raval podría equipararse al Soho de NY. Ni por el forro. Con el desplome de la economía y la desvaloración del barrio, se sienten atados sin expectativa alguna de librarse de sus apestosas viviendas. Hasta el Bronx es más calmo.

Las putillas rumanas, albanesas, y de otros andurriales parecidos, ofician protegidas por sus propias mafias de chulos, ágiles en desenfundar armas automáticas. Ellas lo tienen mejor al discurrir por el barrio. Pero las negritas, que Dios sabe cómo las contratan, trasladan y explotan, actúan en total desprotección hasta que, a la hora del cierre, sus chulos las abordan para vapulearlas y quitarles el dinero.

Pululan por las Ramblas, especialmente a la salida de los restaurantes donde los turistas son atiborrados con basura (NO ‘comida-basura’, simplemente basura), vinos de mala calidad y abundante cerveza cobrada a tasa de champagne francés. Cuando, descalabrados y desplumados, acceden a la acera, las subsaharianitas (voy a ser, por una vez, políticamente correcto) les tientan la bragueta y les ofrecen servicios a 10 o 15 euros.

No suelen aceptar los guiris; quizá alguno muy trompa. Pero allí acuden una serie de los más matados entre los salidos que abundan en cualquier lumpen. El precio es justo, y los quillos son despenados (sin el riesgo que supone atravesar la delgada línea roja) en plena acera de las Ramblas. La entrada de la Boquería es la suite presidencial. Allí se ofician pajas, mamazos y metisacas sin tener que desnudarse, más que lo justito, ni lavarse que es una murga.

Periodistas malintencionados fotografían, de vez en cuando, tales arrebatos y los publican en primera página. Las buenas gentes que, si no les ponen las cosas en primera página, hacen como que no se enteran, pusieron el grito en el cielo. Mejor harían en callarse, que bastante les costó apear la prostitución infantil callejera de la zona noble de Pedralbes hace unos 15 años. Si corren a las negras rambleras de su lugar natural, corren el riesgo de repoblar la zona alta con especímenes de fauna exótica.

El Ayuntamiento dice que ellos ya hacen lo que pueden, y que lo de las putas negras, extranjeras e ilegales, debería ser abordado por el gobierno de España. ¡Es grande! Estos inútiles son independentistas cuando quieren hacer bonito, y sucursalistas sumisos si se trata de aventar pulgas.

Estos días, la Guardia Urbana irá por las Ramblas, exhibiendo porras. Alguna negrita miope se ofrecerá para manosearlas o deglutirlas confundiendo a los Urbanos con sudaneses. El resto se harán andana mientras duren las rondas de noche (unos pocos días, acaso tres o cuatro). Después, todo seguirá igual.

Hasta las próximas fotografías.